lunes, 30 de marzo de 2015

Cuando un amigo se va... J.L. Justo nos ha dejado

Un compañero y amigo nos ha abandonado esta pasada semana. JOSE LUIS JUSTO exjugador del B.M. Granollers, del Hándbol Palautordera, exentrenador de diferentes equipos de Balonmano, amigo de sus amigos, persona divertida y positiva en todo lo que hacia...se ha ido de forma inesperada...aun no le tocaba... todo mi cariño y apoyo a su mujer Ester, a sus hijos y familiares.
Descanse en Paz.


El Handbol Sant Fost está de luto

El Hándbol Sant Fost está de luto por la tragedia acaecida en los Alpes. En el avión siniestrado viajaba una persona muy querida, Marta López, esposa del presidente Micki Subirats y madre de Cristina y Adrià (jugadores de nuestro Club). A ellos y a todos los familiares y amigos de Marta, todo mi cariño y apoyo...
Por supuesto mis condolencias a todos los familiares y amigos de todas las víctimas del trágico suceso.

Descansen en Paz 
 

jueves, 23 de octubre de 2014

BALONMANO: Relación entre lesiones y características psicológicas

El objetivo de este estudio ha sido relacionar las lesiones deportivas sufridas por los jugadores de balonmano y determinadas características psicológicas de éstos, como el control de estrés, la influencia de la evaluación del rendimiento, la motivación, la habilidad mental y la cohesión de equipo.
Los resultados indican que, respecto al factor CE aparecen relaciones estadísticamente significativas con las lesiones, concretamente, cuanto mayor es el nivel de control del estrés se contabilizan menos lesiones musculares, aunque la intensidad de esta relación es leve. Respecto al factor IER y las lesiones musculares, igualmente aparecen relaciones estadísticamente significativas, e igualmente en el mismo sentido, es decir, cuanto mayor es la puntuación en este factor, menos lesiones musculares se producen, con una intensidad de relación también leve. Respecto a la relación entre el factor MO y las lesiones existen relaciones significativas, pero en este caso con las lesiones moderadas: se observa que a mayor puntuación en este factor se da un ligero aumento de lesiones moderadas, concretamente entre el grupo de baja y de alta motivación, de manera tal que a un mayor nivel de motivación, mayor es la media de lesiones moderadas. Respecto a la relación entre el factor HM y las lesiones, se observan relaciones estadísticamente significativas con las tendinitis, a mayor nivel de puntuación en HM mayor es la incidencia de este tipo de lesión. Por último, respecto al factor COH se aprecia una relación significativa con las contusiones, y esta relación se da entre los jugadores con niveles altos de cohesión y los jugadores con niveles medios.
En general, los resultados indican que existe relación entre los factores psicológicos analizados y las lesiones, aunque esta sea, en general, leve. Por un lado, las puntuaciones altas en la IER y el CE se relacionan con una menor presencia de lesiones musculares, en cambio las puntuaciones altas en MO y en HM, lo hacen con una mayor presencia, aunque leve, de otros tipos de lesiones (lesiones moderadas y contusiones fundamentalmente); y que los deportistas con puntuaciones altas en COH presentan menos contusiones que los deportistas con puntuaciones medias.
Tanto el factor CE como el factor IER hacen referencia a diferentes aspectos del estrés deportivo que el jugador debe afrontar, se relacionan con el manejo por parte del deportista de las diferentes situaciones de estrés de la práctica deportiva, y por el impacto de la evaluación que otros (y él mismo) hacen de su ejecución deportiva. Tal y como indican los resultados del presente trabajo, los jugadores de balonmano con menos recursos psicológicos para controlar el estrés y que se muestran más afectados por el impacto de una evaluación negativa sobre su rendimiento, presentan más lesiones musculares que aquellos que tienen más recursos para controlar el estrés y para no sentirse afectados por la evaluación de su rendimiento. Estos resultados están en la línea de los estudios elaborados sobre la base del modelo de Andersen y Williams12, que en general indican que el estrés parece relacionarse con un mayor índice de lesiones, y señalan que los deportistas con niveles altos de estrés son más propensos a lesionarse que aquellos deportistas con niveles bajos13,14,22. Además, estos resultados coinciden con otros en los que también se ha utilizado el CPRD y los factores CE y IER se relacionan, en el mismo sentido, con las lesiones musculares35; sin embargo, en otros28,36 estas relaciones solo aparecieron cuando las lesiones eran graves o muy graves, pero no en las leves y moderadas, lo que sugiere la posibilidad de que el tipo de deporte practicado o el nivel de competición sean determinantes, ya que una lesión leve o moderada podría no ser excesivamente perjudicial en deportes de competición regular y distanciada en el tiempo, como el caso del fútbol o el balonmano, y sí podría serlo en otros en los que la competición es muy seguida y cuya participación depende de la disponibilidad contractual, como por ejemplo el tenis.
Por otro lado, el hecho de que los jugadores con niveles altos de motivación presenten un mayor número de lesiones moderadas podría resultar paradójico, ya que parece que para una buena práctica deportiva se necesita un nivel de motivación alto. Sin embargo, también es posible que una motivación excesivamente alta pueda producir conductas de sobreesfuerzo y de riesgo, que inexorablemente faciliten la aparición de lesiones, en línea con lo sugerido por algunos autores25,37. Dado que la muestra de este estudio está formada por jugadores de balonmano de niveles medios y altos de competición, cabe pensar que, efectivamente, una motivación alta podría implicar conductas de riesgo. Además, en estudios realizados con deportistas jóvenes en formación38, o con deportistas aficionados35, y utilizando también el factor MO del CPRD, esta relación entre motivación y lesiones no aparece. Es posible que en deportistas aficionados un nivel bajo de motivación posibilite desajustes atencionales o niveles bajos de activación que faciliten el riesgo de sufrir lesión; y sin embargo, en los deportistas profesionales ocurra al contrario, que los niveles muy altos de motivación son los que tengan consecuencias negativas en forma de lesión. En este sentido, sería muy interesante desarrollar estudios con muestras de deportistas profesionales en las que se pudiera determinar la relación entre los niveles motivacionales del deportista, las conductas de riesgo exhibidas y su relación con las lesiones.
Los resultados de la relación entre el factor HM y las lesiones sí resultan muy controvertidos, dado que teóricamente los jugadores que más recursos psicológicos tengan para afrontar las situaciones de entrenamiento y competición, en principio, deberían lesionarse menos que aquellos cuyas habilidades fueran perores, en la línea del modelo de Andersen y Williams12; sin embargo, en este trabajo no sucede así, sino todo lo contrario: los deportistas con mayores puntuaciones en HM presentan más lesiones, concretamente tendinitis, lo que está en la línea de lo hallado por Olmedilla et al35, donde los tenistas con mayor puntuación en HM tenían más lesiones moderadas, concretamente contusiones y tendinitis. El hecho de que el factor HM presentara unos valores de consistencia interna muy bajos, concretamente un alfa de Cronbach de 0,34, quizá debido a que el conjunto de ítems que lo integran no representen un único y completo constructo33, sugiere que seamos cautos a la hora de interpretar estos datos.
Por último, respecto al factor COH parece que se podrían explicar los resultados obtenidos en la línea de lo inferido para la motivación: aquellos deportistas que están más comprometidos con el equipo arriesgan más en la competición, por lo que realizarían un mayor número de conductas de riesgo, lo que incrementaría la posibilidad de lesionarse. En cualquier caso, también sería interesante realizar más estudios en este sentido para poder determinar con mayor exactitud este tipo de relaciones.
En conclusión, los resultados de este estudio aportan algunos datos novedosos y muy interesantes. Por un lado, ratifican algunos de los postulados del modelo de estrés y lesión de Williams y Andersen12, ya que el estrés (factores CE y IER) se relaciona positivamente con las lesiones, aspecto que aparece reiteradamente en estudios con diferentes deportes y niveles de competición39. Por otro, los resultados obtenidos en las relaciones de la motivación y la cohesión de equipo resultan muy atractivos para profundizar en ellos e intentar determinar mejor estas relaciones, teniendo en cuenta aspectos como el tipo de deporte, el nivel de competición, incluso la edad y el sexo. Es posible, como se apuntaba anteriormente, que la competición deportiva de alto rendimiento sea muy diferente de la competición de deportistas en formación, o deportistas aficionados, al menos en las consecuencias conductuales de los niveles de motivación y de cohesión. En este sentido, el trabajo de Sosa40 indica que, efectivamente, existen diferencias en las variables psicológicas de los deportistas (balonmano y judo) en función del sexo, de la modalidad deportiva y de la categoría deportiva dentro de la misma modalidad. Cuestiones que, tanto para el deporte de formación como para el profesional, son básicas para diseñar e implementar el tipo de intervención psicológica más adecuada en cada caso, bien para la formación integral de jóvenes deportistas, bien para la optimización del rendimiento o la prevención y recuperación de lesiones deportivas41,42.
Además, el presente estudio presenta algunas limitaciones en ciertos aspectos de los analizados que deben ser consideradas:
- Respecto a la muestra, aunque se han seguido las recomendaciones sugeridas por Petrie y Falkstein30, en las que indican la necesidad de homogeneización de aquella (mismo sexo, nivel de competición, especialidad deportiva), sí parece aconsejable incrementar el número muestral y que el nivel de competición sea de una misma categoría.
- También sería de gran ayuda la utilización de otro tipo de instrumentos para el registro de lesiones, no sólo el proporcionado a través del autoinforme por los propios deportistas, sino, por ejemplo hojas de registro cumplimentadas por profesionales del deporte, como fisioterapeutas, recuperadores físicos, etc. En este sentido las sugerencias realizadas por Junge et al43,44 respecto a la utilización de un sistema estandarizado de registro y evaluación de las lesiones proporcionaría criterios muy válidos de comparación de resultados, así como criterios más eficaces para definir exactamente el nivel de gravedad de la lesión y el tipo de lesión desde diferentes puntos de vista (mecanismos de lesión, lesiones crónicas, o quizá, enfermedades específicas relacionadas con el deporte).
- Si bien es difícil conseguir muestras de deportistas profesionales y pueden proporcionar datos muy valiosos para la investigación, a veces este hecho puede representar un problema, debido a que la heterogeneidad de nacionalidades de los equipos profesionales es muy grande, y la interpretación de los ítems de los cuestionarios puede no responder totalmente a la realidad debido a problemas de idioma. En este sentido, se debería prestar gran atención al proceso de toma de datos para ratificar que los deportistas responden lo que quieren responder y lo hacen a las cuestiones que les son demandadas por parte de los investigadores.
- Por último, sería muy interesante realizar estudios con diseños de tipo experimental o longitudinal, donde se pudieran observar relaciones de causa efecto, tal y como indican Olmedilla y García-Mas39.
A. Olmedilla Zafra, M. Laguna, A. Blas Redondo

martes, 26 de agosto de 2014

Psicólogo del Deporte

LA ORIENTACIÓN CLÍNICA DEL PSICÓLOGO DEL DEPORTE

1.-Introducción

A pesar de que el reconocimiento oficial de la psicología del deporte data de 1965 a raíz de la celebración del I Congreso Mundial de Psicología del Deporte (Cruz, 1991), el interés por el papel profesional del psicólogo del deporte está aún en sus balbuceos iniciales. De hecho, tal como señala Jiménez y Garcés de Los Fayos (1997), siguiendo a Cruz (1997), "hasta los ochenta la Psicología del
Deporte surgió fundamentalmente de la demanda de conocimientos psicológicos por parte de los profesionales de la educación física y de las necesidades de los deportistas de alta competición, siendo aún escasos los psicólogos que veían el deporte como un campo interesante de investigación e intervención" (pág. 55).

Quizás, la psicología del deporte ha ido desarrollándose a través de la polémica cuestión de quiénes podían considerarse psicólogos del deporte y, quizás más importante, cuáles eran los contenidos teóricos y metodológicos que les caracterizan.

Partimos del planteamiento que realizan Danish y Hale (1981) cuando manifiestan que la titulación no equivale a competencia profesional y cuestiones como qué papel profesional, qué funciones y qué tipo de formación debían tener los psicólogos del deporte debían ser solucionadas antes que pensar en las soluciones legales para la práctica de la Psicología del Deporte. En ese momento aún no quedaba claro si el perfil profesional del psicólogo del deporte era más clínico o más educativo. De hecho, la comisión americana, formada por expertos con diferentes orientaciones dentro de la Psicología del Deporte, encargada de definir apropiadamente este perfil profesional, asignó a este psicólogo tres
funciones fundamentales: clínica, educativa e investigadora (USOC, 1983).

A partir de estos años, el papel profesional del psicólogo del deporte ha evolucionado desde un modelo clínico a un modelo preventivo. Aunque este último supone un avance respecto al de intervención terapéutica, Cruz (1997) y Riera (1985) coinciden en que ambos modelos se interesan solamente por las características individuales de los deportistas en lugar de hacerlo por las
relaciones que estos establecen con los demás participantes en la actividad deportiva, limitación que ha supuesto asimismo el olvido generalizado del estudio de los demás participantes en el deporte que no sean los propios deportistas. Ambos autores defienden un enfoque interconductual desde el que
plantean la función investigadora, la función educativa en su doble vertiente de enseñante y asesor y la función clínica, en este orden, como las funciones profesionales del psicólogo del deporte, onsiderando además que el papel profesional de éste debe estar mediatizado por un marco teórico y metodológico previos.

Este es el planteamiento que recogemos al plantear nuestra reflexión. Actualmente se está haciendo especial hincapié en la orientación educativa-preventiva, absolutamente necesaria, pero se nos ha olvidado encuadrar la misión más clínica y, sobre todo, contestar a la pregunta ¿basta con que el
psicólogo del deporte se ayude de una orientación clínica para asesorar en determinados momentos, o debe incluso intervenir terapeúticamente en aquellos casos en los que se requiera?.

Contestar a esta pregunta no es baladí, de hecho no sólo permite definir mejor el papel profesional del psicólogo del deporte, sino que debe ayudar a enmarcar los planes de estudio que los futuros psicólogos habrían de seguir; pudiéndose clarificar sus funciones y relaciones con los demás profesionales del deporte.

2.-Delimitando el papel profesional del psicólogo del deporte.

En este epígrafe no nos vamos a adentrar en el perfil completo del psicólogo del deporte, que se va a tratar aparte, pero sí intentamos encontrar razones que nos conduzcan a defender una orientación clínica en el psicólogo del deporte, independientemente de sus otras orientaciones más relacionadas con el asesoramiento.

Partimos de la afirmación de Cantón (1996), cuando manifiesta que "hablar de profesionalización de la Psicología del Deporte es hablar de una realidad que, aunque todavía de forma reducida, está presente y goza de un cierto reconocimiento social". Por otra parte, Cruz (1997) ha señalado tres funciones principales en la actuación del psicólogo en el contexto deportivo: investigadora, educativa -como enseñante y como asesor- y clínica. Como él mismo afirma:

"la primera función del psicólogo del deporte, como especialista en una ciencia básica, debe ser la de investigador que genera nuevos conocimientos sobre procesos psicológicos básicos aplicados a la actividad física y el deporte. En segundo lugar, el psicólogo del deporte ejerce una función educativa cuando enseña a deportistas, entrenadores, árbitros... principios y técnicas psicológicas en cursos o seminarios aplicados. El psicólogo actúa como asesor cuando, dentro de un club o una federación, ofrece servicios psicológicos de apoyo a entrenadores, deportistas, padres o directivos para optimizar el rendimiento y bienestar de los miembros del equipo, y para prevenir problemas psicológicos derivados del entorno deportivo. Finalmente, el psicólogo actúa como clínico cuando ha de solucionar problemas psicológicos creados por la práctica deportiva: trastornos alimentarios, secuelas psicológicas de las lesiones, burnout." (Cruz, 1997, pp.34-35).

Aceptando plenamente la anterior definición profesional del psicólogo del deporte, sólo nos resta intentar profundizar en la función clínica, que nosotros preferimos denominarla orientación clínica, ya que la gran duda que se nos plantea, y que vamos a intentar aclarar en alguna medida, es si verdaderamente el psicólogo del deporte debe intervenir clínicamente con el deportista.

Por otra parte, Palmi (1997), evitando mencionar el concepto clínico, indica al referirse al trabajo del psicólogo del deporte en relación a su intervención en las lesiones deportivas que éste deberá trabajar con una visión interdisciplinar bajo una perspectiva que conlleve roles del profesional de la salud. Caracuel y Pérez (1996), destacan la evolución histórica del rol del psicólogo del deporte desde una perspectiva casi exclusivamente clínica hasta un desempeño de funciones más amplio e integrador y comentan que aún está poco clarificado este rol, no gozando todavía de una adecuada aceptación la figura profesional del psicólogo del deporte, por lo que plantean como labor primordial la delimitación clara del rol profesional del mismo.

Parece, en general, que todos los psicólogos del deporte han aceptado la preponderancia del papel consultivo, abandonando la concepción clínica, si bien no deja de mencionarse como corolario en muchas de las definiciones funcionales del psicólogo del deporte.

Resta ahora comprobar en el úncio documento institucional existente (perfil, rol y formación del psicólogo del deporte, Martínez, 1995), elaborado por la Coordinadora Estatal del Colegio Oficial de Psicólogos, qué papel ocupa la orientación clínica en el conjunto del perfil profesional del psicólogo del deporte. Para ello nos basamos también en el borrador, esperemos que definitivo, que la propia Coordinadora posee, y que mejora sustancialmente el presentado por el anterior autor.

2.1..-Algunos apuntes sobre el perfil profesional del psicólogo del deporte.

Como ya hemos apuntado, no vamos a analizar en profundidad el perfil completo del psicólogo del deporte, sino sólo aquellos aspectos que hacen referencia al objeto de este trabajo. Empezamos por la definición consensuada por todos los psicólogos:

El Psicólogo de la Actividad Física y del Deporte es aquel que desarrolla sus funciones dentro del campo de la Psicología de la Actividad Física y el Deporte y posee la formación y acreditación correspondiente. Específicamente su rol se desenvuelve en los siguientes ámbitos:

1.-Deporte de Rendimiento.
-Deporte Profesional.
-Deporte de Alto Rendimiento.
-Deporte de otros Niveles de Rendimiento.

2.-Deporte de Base e Iniciación.
-Actividad Física y Deporte Escolar y Universitario.
-Deporte Comunitario.

3.-Deporte de Ocio, Salud y Tiempo Libre (Juego y Recreación).
-Deporte para todos.
-Deporte para poblaciones con necesidades especiales (minusvalías, tercera edad, marginación, ... ).

Vamos ahora a ir entresacando ahora aquellos aspectos interesantes para enmarcar la orientación clínica. Así, al tratar el campo de aplicación del psicólogo del deporte, y aún no quedando clara, se puede admitir que las funciones a (evaluación y diagnóstico) y c (intervención), al menos nos permitirían pensar en la posibilidad de que esta orientación encaje en dichas funciones. A partir
de este inicio, sólo existen dos referencias indirectas a la orientación clínica (pero precisando que en ningún momento se menciona la palabra clínica). En concreto al tratar el ámbito de trabajo relacionado con el deporte de base e iniciación, se menciona que será función del psicólogo del deporte formar a técnicos, monitores y entrenadores, para su posterior aplicación a la población
normal y especial (con dificultades de aprendizaje, alteraciones psicomotrices, etc...), lo cual nos obliga a pensar que el formador deberá tener conocimiento relacionados con algunas patologías psicológicas.

Por otra parte, y ya en el contexto del deporte ocio, salud y tiempo libre (juego y recreación) se plantea que existe amplio reconocimiento de los efectos beneficiosos producidos por la actividad física regular y el ejercicio, tanto desde el punto de vista físico como psicológico. Así, se han elaborado y puesto en marcha distintos programas de actividad física con fines terapéuticos y de
salud, contemplando la necesidad de evitar el fenómeno de abandono y facilitar la iniciación y la adherencia a los mismos, tareas que incumben plenamente al ámbito profesional de la Psicología. También aquí parece necesaria un cierto conocimiento en algunas de las áreas de la psicología clínica.

Podemos concluir que institucionalmente, y basándonos en el análisis pormenorizado del documento mencionado, no se admite, al menos de una forma evidente, la orientación clínica en el psicólogo del deporte, a pesar de que autores relevantes, que se referenciaron al inicio de este epígrafe, manifiestan
su propuesta multidisciplinar del psicólogo del deporte. Pero quizás resulte más relevante contrastar lo que desde el Colegio Oficial de Psicólogos se plantea como perfil profesional de este psicólogo, y los conocimientos que se imparten en uno de los Master de Psicología del Deporte más relevantes que existen en España.

En ningún casos se obvian los aspectos fundamentales del trabajo del psicólogo del deporte; sin embargo sí se le concede cierta relevancia a la parte más relacionada con la psicología clínica. Veamos algunas de las asignaturas impartidas:

-Master de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. 1995. Director José María Buceta:

-Ejercicio físico, psicología y salud.
-Lesiones deportivas: fisioterapia, ortopedia e intervención psicológica.
-Psicología de la personalidad.
-Alteraciones emocionales.
-Psicología Clínica en el deporte de competición.

Si repasamos el anterior listado, parece más que evidente que los psicólogos del deporte formados en este Master sí adquieren conciencia de la necesidad de una orientación clínica también como psicólogos del deporte. Parece claro que completa su perfil profesional, independientemente de que aún "suene" tabú pensar en un psicólogo del deporte atendiendo a los aspectos clínicos del
deporte.

Por último, nos queda recordar que la Association for the Advancement of Applied Sport Psychology (AAASP), tiene establecidos los criterios que permiten acreditar al psicólogo del deporte. Concretamente el criterio obligatorio número 6 señala lo siguiente "conocimiento de evaluación psicopatológica".

Una vez descrita la realidad existente en cuanto a la percepción que tenemos del perfil profesional del psicólogo del deporte en su relación con el componente más clínico del deporte, vamos a intentar responder a la pregunta que nos formulábamos al inicio de este trabajo.

3.-Por qué una orientación clínica en el psicólogo del deporte.

Señalaremos de nuevo que entendemos la necesidad de un perfil profesional del psicólogo del deporte centrado en aspectos preventivos, educativos o de asesoramiento, pero que no son objeto de este estudio. Nos centramos exclusivamente en el componente clínico por entender que es una laguna existente en nuestro perfil, que se renunció a ella, y que deberíamos retomar para
configurar mejor nuestro trabajo futuro.

-Conocimientos de evaluación psicológica en cuanto a psicopatología.

Los protagonistas del contexto de portivo, en el que trabajamos, no están exentos de la posibilidad de sufrir algún problema-trastorno psicológico, que antecede o media en la realiad que nosotros podemos estar trabajando. Su detección, independientemente de quién intervenga se hace necesaria si queremos que nuestro trabajo no se vea afectado por el mismo.

-Primera intervención en el problema-trastorno psicológico.

Una vez detectado algún tipo de problema el psicólogo del deporte ha de intervenir, ya que será el que le indique qué ha de hacerse, pero además es probable que deba responder a preguntas concretas y oriente en función de los requerimientos de quien sufre el problema.

-Intervenciones específicas.

En situaciones donde aparecen crisis provocadas por el propio contexto deportivo, pero también familiar o social, el primero que habrá de intervenir (aunque posteriormente la persona sea "derivada" a otro psicólogo) será el psicólogo del deporte.

-Tareas "clínicas" específicas.

En determinados contextos, deporte iniciación o deporte ocio, se va requerir frecuentemente nuestros servicios en función de aspectos relacionados con el deporte como alternativa a conductas desviadas, modelo de integración social, mejora del estado psicológico, entre otras.

-Asesoramiento general.

En la mayoría de los casos las personas con las que trabajamos en el contexto deportivo nos conocen como psicólogo; es facil que se nos requiera para que les informemos o asesoremos sobre qué hacer ante problemas psicológicos, ajenos o no al deporte.

-Intervención en problemas específicos del deporte.

Si bien no podemos afirmar que existan problemas psicológicos propios del contexto deportivo, sí existen determinadas realidades que son más propias de este contexto que de otros (problemas alimentarios, conductas obsesivas, síndrome de burnout, etc...), que nos obligan no sólo a conocer bien dichos problemas como a saber manejarlos en las situaciones en las que se dan.

Quizás puedan existir otras razones, pero las aquí descritas nos ahcen pensar que el psicólogo del deporte ha de poseer unos conocimientos clínicos mínimos que garanticen que será capaz de dar respuesta a los acontecimientos que aparezcan. El hecho de que sea el mismo el que intervenga clínicamente nos parece, en general, innecesario, y quizás improcedente, si bien debe ser su propia competencia la que, al menos en situaciones específicas del deporte, determine si podría ser él el que hiciera frente a dichas situaciones.
 
Enrique Javier Garcés de Los Fayos Ruiz
Universidad de Murcia. Facultad de Psicología. Departamento de Personalidad,
Evaluación y Tratamiento Psicológico.

4.-Referencias bibliográficas.

Cantón, E. (1996). La profesión del psicólogo de la actividad física y el
deporte. Informació Psicológica, 62, 4-8.
Caracuel J.C. y Pérez, E. (1996). El papel profesional del psicólogo del deporte
y su formación. En E. Pérez y J.C. Caracuel (Eds.), Psicología del deporte.
Investigación y aplicación, (pp. 399-410). Málaga: Instituto Andaluz del
Deporte.
Cruz, J. (1991). Historia de la psicología del deporte. En J. Cruz y J. Riera
(Eds.), Psicología del deporte: Aplicaciones y perspectivas (pp. 13-42).
Barcelona: Martínez Roca.
Cruz, J. (Ed.) (1997). Psicología del deporte. Madrid: Síntesis.
Danish, S.J. y Hale, B.D. (1981). Toward an understanding of the practice of
sport psychology. Journal of Sport Psychology, 3, 90-99. Traducción en J. Cruz y
J. Riera (Eds.) (1991), Psicología del deporte: Aplicaciones y perspectivas,
(pp. 63-76). Barcelona: Martínez Roca.
Jiménez, J. y Garcés de Los Fayos, E. J. (1997). El papel profesional del
psicólogo del deporte. En E.J. Garcés de Los Fayos (Coord.), Manual de
psicología del deporte. Conceptos y aplicaciones (pp. 55-84). Murcia:
Capítulotres Editores.
Martínez, L. (1995). Perfil, rol y formación del psicólogo de la actividad
física y del deporte. Papeles del Psicólogo, 63, 61-64.
Palmi, J. (1997). Componentes psicológicos de las lesiones deportivas. En J.
Cruz (Ed.) (1997). Psicología del deporte (pp. 215-244). Madrid: Síntesis.
Riera, J. (1985). Introducción a la psicología del deporte. Barcelona: Martínez
Roca.
United States Olympic Committee (1983). US Olympic Committee establishes
guidelines for sport psychology services. Journal of Sport Psychology, 5, 4-7.

lunes, 21 de julio de 2014

TRANSTORNOS PSICOSOMÁTICOS

Introducción 
El estudio de los trastornos psicosomáticos siempre ha planteado problemas de índole teórico-clínica, que han dado lugar a numerosos estudios y a controversias.
Podríamos definir este tipo de trastorno como la vivencia de los conflictos a través de diversas reacciones somáticas: úlceras, anorexias, cardiopatías, colitis, asma, insomnio, …
Es frecuente la atención en consulta de pacientes que han pasado por una gran cantidad de diagnósticos, exploraciones y tratamientos, sin obtener resultados satisfactorios post-tratamiento.
Los mismos síntomas en diferentes pacientes no garantizan una misma estructura. Lo que se observa es que no hay una estructura de base común en este tipo de pacientes, como nos podemos encontrar en otros cuadros clínicos. De ello podemos deducir la importancia de un buen diagnóstico diferencial tanto médico como psicodinámico.
Todos, en un momento dado, hemos sufrido sintomatología psicosomática. Hay personas que aunque no se las definiría como un paciente psicosomático, ante situaciones de crisis acaban agravando o padeciendo una enfermedad; pero hay un tipo de persona concreto que tiene una especial predisposición para desarrollar un trastorno psicosomático.
Además de las dificultades que nos podemos encontrar ante el diagnóstico, no todos los pacientes pueden iniciar una psicoterapia, dado que se ha de vislumbrar un mínimo deseo de querer descubrir esos contenidos desconocidos que tanto malestar provocan.

Características más comunes y tratamiento
De los estudios que se han realizado a lo largo de la historia, se pueden inferir una serie de características, que a mi entender, hacen reconocer al paciente psicosomático. 
Estas características pueden parecer exageradas, dado que corresponden a un enfermo psicosomático puro, y que es muy difícil, prácticamente imposible, que encontremos en la práctica clínica, donde lo habitual es encontrar síntomatología psicosomática. 
Este tipo de paciente tiene una relación especial con la realidad, a la que generalmente se sobreadapta, viviendo de forma objetiva e impersonal. Manifiestan conductas de hiperactividad. Presentan inclinación compulsiva al trabajo, son superexigentes e hipereficaces, se dedican a lograr éxitos externos, e inducen a los demás a que se les exija. Hay predominio del principio de la realidad frente al principio del placer. Un ejemplo de esto lo podemos ver en muchas mujeres que viven con una dedicación exclusiva a la familia, y que se pasan el día obsesionadas por la limpieza. O en muchos ejecutivos/as que no tienen horario para salir del trabajo, y que han hecho de éste su vida.
En cuanto a los afectos presentan desconexión (alexitimia). Presentan dificultades para detectar, discriminar, y manifestar emociones, y las que expresan, están a nivel muy corporal. Esto, a  la vez nos lleva a un pensamiento despojado de sentido y significado emocional, cuyas representaciones emocionales son pobres, escasas y repetitivas. Pierden el interés por el pasado y por el futuro, y es lo fáctico y lo actual lo que se impone. Igualmente podemos observar que mantienen un contacto superficial en sus relaciones.  Para ilustrar este tipo de rasgos expondré el ejemplo de un paciente que, preocupado sobre como lo podían ver los demás, relataba:  “No quiero dar motivo a nadie para hablar, quiero que a mi hija y a mí nos vean impecables”. Esto hacía, que semanalmente hiciera un gasto compulsivo en ropa, ya que una prenda no podía ser utilizada en más de una  ocasión.
Esto no quiere decir que tengan bajo nivel intelectual, pues pueden llegar a ser muy racionales y a intelectualizar, pero hay escasez de sueños y de pensamiento creativo,  y si los hay no cumplen la función de elaborar y simbolizar pensamientos latentes, sino la de evacuar el contenido latente. Existe una disminución del uso de símbolos en la transmisión de los procesos psíquicos y las cadenas asociativas son pobres,  motivos por los cuales el tratamiento psicoterapéutico no está exento de dificultades, siendo habitual que en el transcurso de las sesiones expongan:  No sé que más le he de explicar, si no me pregunta”, o “ Bueno y ahora que he de hacer, no sé como hablando me puede ayudar a curar mi enfermedad”.
Estos pacientes también tienen muchas dificultades para elaborar las separaciones. En muchas ocasiones la aparición de la sintomatología psicosomática aparece tras una pérdida o una separación. Viven éstas como peligrosas, pues los puede llevar a desorganizaciones primitivas.
El tratamiento que consideramos más adecuado es la psicoterapia, en muchas ocasiones acompañada de un abordaje multidisciplinar, donde se pueda instaurar un tratamiento farmacológico si se considera necesario, puesto que hay que tener muy presente, en este tipo de trastornos, que la dolencia fisiológica es real.
Se ha comprobado que el acompañamiento psicoterapéutico, en este tipo de pacientes, con el objetivo de ir identificando y elaborando las diferentes emociones, hace que experimenten una paulatina mejoría de la sintomatología psicosomática.
Angeles Codosero Medrano
Psicológa clínica i psicoterapeuta Psicoanalítica

domingo, 2 de diciembre de 2012

LA TERAPIA COGNITIVA DE A. BECK

En 1956, A. Beck trabajaba como clínico e investigador psicoanalista. Su interés estaba centrado por entonces en reunir evidencia experimental de que en las depresiones encontraría elementos de una "hostilidad vuelta contra sí mismo" en los pacientes depresivos tal como se seguía de las formulaciones freudianas. Los resultados obtenidos no confirmaron esa hipótesis. Esto le llevó a cuestionarse la teoría psicoanalítica de la depresión y finalmente toda la estructura del psicoanálisis.
Los datos obtenidos apuntaban más bien a que los pacientes depresivos "seleccionaban" focalmente su visión de sus problemas presentándolos como muy negativos. Esto unido a los largos análisis de los pacientes depresivos con la técnica psicoanalítica habitual, y con escasos resultados para tan alto costo, le hicieron abandonar el campo del psicoanálisis. Su interés se centró desde entonces en los aspectos cognitivos de la psicopatología y de la psicoterapia.
En 1967 publicó "La depresión" que puede considerarse su primera obra en la que expone su modelo cognitivo de la psicopatología y de la psicoterapia. Varios años después publica "La terapia cognitiva y los trastornos emocionales" (1976) donde extiende su enfoque terapéutico a otros trastornos emocionales. Pero es su obra "Terapia cognitiva de la depresión" (1979) la que alcanza su máxima difusión y reconocimiento en el ámbito clínico. En esta obra no solo expone la naturaleza cognitiva del trastorno depresivo sino también la forma prototípica de estructurar un caso en terapia cognitiva, así como descripciones detalladas de las técnicas de tratamiento. La obra referida llega así a convertirse en una especie de manual de terapia cognitiva. Más actualmente el propio Beck ha desarrollado su modelo a los trastornos por ansiedad (p.e "Desordenes por ansiedad y fobias: una perspectiva cognitiva (C.T) a otros desordenes diversos, como por ejemplo: esquizofrenia (Perris, 1988), obsesión- compulsión (Salkovskis, 1988), trastornos de la personalidad (Freeman, 1988), trastornos alimenticios (McPherson, 1988), trastornos de pareja (Beck, 1988)...etc.

1. Principales conceptos teóricos

A. ESTRUCTURA DE SIGNIFICADO Y PSICOPATOLOGÍA:

La terapia cognitiva (C.T) es un sistema de psicoterapia basado enuna teoría de la psicopatología que mantiene que mantiene que la percepción y la estructura de las experiencias del individuo determinan sus sentimientos y conducta (Beck, 1967 y 1976). El concepto de estructura cognitiva suele recibir otros nombres como el de ESQUEMA COGNITIVO y en el ámbito clínico el de SUPUESTOS PERSONALES (Beck, 1979). Equivalen también a las Creencias según la concepción de A. Ellis (1989 y 1990).
Con todos estos términos equivalentes nos referimos a la estructura del pensamiento de cada persona, a los patrones cognitivos estables mediante los que conceptualizamos de forma ideosincrática nuestra experiencia. Se refiere a una organización conceptual abstracta de valores, creencias y metas personales, de las que podemos, o no, ser conscientes.
Los esquemas pueden permanecer "inactivos a lo largo del tiempo" y ante situaciones desencadenantes o precipitantes (de orden físico, biológico o social), se activan y actúan a través de situaciones concretas produciendo distorsiones cognitivas (procesamiento cognitivo de la información distorsionado) y cogniciones automáticas (o pensamientos negativos, que serían los contenidos de las distorsiones cognitivas).

B. COGNICIÓN:

Se refiere a la valoración de acontecimientos hecha por el individuo y referida a eventos temporales pasados, actuales o esperados. Los pensamientos o imágenes de los que podemos ser conscientes o no      En el sistema de cogniciones de las personas podemos diferenciar (Beck, 1981):
  • b.1. UN SISTEMA COGNITIVO MADURO-Hace referencia al proceso de información real. Contiene los procesos que podemos denominar como racionales y de resolución de problemas a base de contratación de hipótesis o verificación.
  • b.2. UN SISTEMA COGNITIVO PRIMITIVO-Hace referencia a lo anteriormente expuesto bajo el epígrafe de Supuestos personales. Esta organización cognitiva sería la predominante en los trastornos psicopatológicos. Esta forma de pensamiento es muy similar a la concepción freudiana de los "procesos primarios" y a la de Piaget de "Egocentrismo" y primeras etapas del desarrollo cognitivo.

C. DISTORSIÓN COGNITIVA Y PENSAMIENTOS AUTOMÁTICOS:

Los errores en el procesamiento de la información derivados de los esquemas cognitivos o supuestos personales recibe el nombre de distorsión cognitiva. Básicamente serían errores cognitivos. Beck (1967 y 1979) identifica en la depresión no psicótica los siguientes:
  • c.1. INFERENCIA ARBITRARIA: Se refiere al proceso de adelantar una determinada conclusión en ausencia de la evidencia que la apoye o cuando la evidencia es contraria.
  • c.2. ABSTRACCIÓN SELECTIVA: Consiste en centrarse en un detalle extraído fuera de contexto, ignorando otras características más relevantes de la situación, y valorando toda la experiencia en base a ese detalle.
  • c.3. SOBREGENERALIZACIÓN: Se refiere al proceso de elaborar una conclusión general a partir de uno o varios hechos aislados y de aplicar esta conclusión a situaciones no relacionadas entre sí.
  • c.4. MAXIMIZACIÓN Y MINIMIZACIÓN: Se evalúan los acontecimientos otorgándole un peso exagerado o infravalorado en base a la evidencia real.
  • c.5. PERSONALIZACIÓN: Se refiere a la tendencia excesiva por la persona a atribuir acontecimientos externos como referidos a su persona, sin que exista evidencia para ello.
  • c.6. PENSAMIENTO DICOTÓMICO O POLARIZACIÓN: Se refiere a la tendencia a clasificar las experiencias en una o dos categorías opuestas y extremas saltándose la evidencia de valoraciones y hechos intermedios.
Otros autores han aumentado el repertorio de distorsiones cognitivas detectadas en distintos estados emocionales alterados (p.e Mckay, 1981).
Lo esencial es destacar que aunque algunas distorsiones pueden ser específicas de determinados trastornos, lo normal es que estén implicados en diversos trastornos y estados emocionales alterados. Sólo la organización cognitiva es ideosincrática y personal a cada individuo, aunque pueden encontrarse semejanzas en sus distorsiones y Supuestos personales.
Los pensamientos automáticos serían los contenidos de esas distorsiones cognitivas derivadas de la confluencia de la valoración de los eventos y los Supuestos personales. Las características generales de los pensamientos automáticos son (Mckay, 1981):
  1. Son mensajes específicos, a menudo parecen taquigráficos.
  2. Son creídos a pesar de ser irracionales y no basarse en evidencia suficiente.
  3. Se viven como espontáneos o involuntarios, difíciles de controlar.
  4. Tienden a dramatizar en sus contenidos la experiencia.
  5. Suelen conllevar una VISIÓN DE TÚNEL: tienden a producir una determinada percepción y valoración de los eventos. Así tenemos:
    1. 5. a. Los individuos ansiosos se preocupan por la anticipación de peligros.
    2. 5. b. Los individuos deprimidos se obsesionan con sus pérdidas.
    3. 5. c. La gente crónicamente irritada se centra en la injusta e inaceptable conducta de otros...etc.
      Una representación gráfica del modelo podría quedar de la siguiente manera:
      • (1) FACTORES BIOLÓGICOS
      • (2) HISTORIA DE APRENDIZAJE Y ESTRUCTURA DE SIGNIFICADOS
        • Sistema Primitivo (Supuestos personales)
        • Sistema evolucionado o maduro
      • EVENTOS ACTUALES ACTIVADORES DE LA ESTRUCTURA DE SIGNIFICADO
      • (3) DISTORSIONES COGNITIVAS
      • (4) CÍRCULOS VICIOSOS INTERACTIVOS
      • (5) Pensamiento-Afecto-Conducta

2. Conceptualización de los problemas

Los datos básicos para la terapia cognitiva consisten principalmente en las cogniciones de los pacientes, fundamentalmente a partir de los pensamientos automáticos (Beck, 1981). Los pensamientos automáticos se suelen recoger de tres fuentes principales: (1) informes orales del mismo paciente al expresar las cogniciones, emocionales y conductas que experimenta entre  las sesiones y referidos a determinadas áreas problemáticas; (2) los pensamientos, sentimientos y conductas experimentados durante la terapia; y (3) el material introspectivo o de autorregistro escrito por el paciente como parte de las tareas terapéuticas asignadas entre las sesiones.
Una vez recogidos estos datos básicos, el terapeuta en colaboración con el paciente, pueden conceptualizarlo en tres niveles de abstracción:
  1. El significado que el paciente da a su experiencia de los hechos pasados, relacionados con sus áreas problemáticas. Estos datos se suelen obtener a partir de preguntas del siguiente estilo: "¿Cómo interpretaste la situación en que te sentiste mal?", "¿Qué significó para ti el que sucediera x?".
  2. Los significados dados por el paciente a su experiencia son agrupados por el terapeuta en patrones cognitivos. Tipos comunes (p.e "creer que debe tener apoyo permanente para afrontar las situaciones", "aplicar el rechazo a situaciones personales", etc.);  (2) En función del tipo de error cognitivo o distorsión cognitiva (p.e. "sobregeneralización", "polarización", etc.); y (3) En función del grado de realidad y adaptación de las cogniciones.
  3. Articular a modo de hipótesis los patrones cognitivos en Significados personales o Esquemas cognitivos subyacentes y tácitos. Esta articulación permitirá formular el núcleo cognitivo a la base de los problemas del paciente y permitirá su contrastación empírica.
En resumen (Beck, 1979), el terapeuta traduce los síntomas del paciente en términos de situaciones evocadores-pensamientos- afectos-conductas implicadas como primer paso; después detecta los  pensamientos automáticos y su base de distorsiones cognitivas y por último genera hipótesis sobre los Supuestos Personales subyacentes, haciendo esto último en base a las distorsiones cognitivas más frecuentes, contenidos comunes (p.e empleados en palabras "clave" o expresiones del paciente), como defiende el paciente una creencia y de momentos asintomáticos o "felices" del paciente (donde se suele confirmar el reverso del Supuesto Personal.
Juan José Ruiz Sánchez /Justo José Cano Sánchez

LA TERAPIA RACIONAL EMOTIVA DE ELLIS:

Albert Ellis (1913- ) (1913- ) recibió su título de graduado de psicología en 1934 en el City College de Nueva York. Nueve años más tarde, en 1943 obtuvo el título de "Master" y en 1947 el de Doctor, estos dos últimos en la Universidad de Columbia. Ya en 1943 había comenzado su labor clínica en consultas privadas, tratando problemas matrimoniales, familiares y sexuales. Al poco tiempo empezó a interesarse por el psicoanálisis, y procuró instruirse en este tipo de psicoterapia, pasando 3 años de análisis personal.
En esta época ocupó varios cargos y dedicaciones como psicólogo clínico en un centro de salud mental anejo a un hospital estatal, fue además psicólogo jefe del centro de diagnóstico del departamento de Nueva York de Instituciones y Agencias, también fue profesor de las Universidades de Rutgers y Nueva York, pero podemos decir que la mayor parte de su vida la dedicó a la práctica privada de la psicoterapia.
Su práctica privada fue inicialmente psicoanalítica, con énfasis en la teoría de Karen Horney. Revisando los resultados de su trabajo, estimó que el 50% de sus pacientes mejoraban y el 70% de los pacientes neuróticos (cifras similares al resto de los psicoanalistas). Pero Ellis no estaba satisfecho con estas cifras ni con la teoría psicoanalítica que fundamentaba su trabajo.
Sus puntos de cuestionamiento a esta teoría se centraban en la excesiva pasividad del terapeuta y del paciente y la lentitud del procedimiento. Para ello acercó más su labor psicoterapéutica a un enfoque "neo-freudiano", obteniendo un 63% de mejoría en sus pacientes y un 70% en sus pacientes neuróticos. Todo esto se había conseguido con menos tiempo y menos entrevistas. Pero aún así, observó que sus pacientes se solían estancar en la mera comprensión de su conducta ("Inshigts") sin que la modificasen necesariamente. En este punto empezó a buscar métodos más activos en la teoría del aprendizaje y las técnicas de condicionamiento. Sus resultados mejoraron aún más. Pero no estaba todavía satisfecho del todo.
Fue en 1955 cuando comenzó a desarrollar su enfoque racional-emotivo de la psicoterapia. En 1958 publicó por primera vez su famoso modelo A-B-C para la terapia, donde exponía que los trastornos emocionales derivaban de un continuo "auto-doctrinamiento" en exigencias irracionales. La terapia tenía así como fin, no solo tomar conciencia de este auto-doctrinamiento en creencias irracionales, sino también en su sustitución activa por creencias más racionales anti-exigenciales y anti-absolutistas y su puesta en práctica conductual mediante tareas fuera de la consulta.
Entre 1950 y 1965 publica una serie de obras centradas preferencialmente en el área sexual (p.e "sexo sin culpa", 1958, "Arte y Técnica del Amor", 1960 y "La enciclopedia de la conducta sexual", 1961), que le hicieron ocupar un lugar relevante en este área. También en 1962 publica su primera obra relevante en el campo de la psicoterapia ("Razón y Emoción en Psicoterapia") donde expone extensamente su modelo de la terapia racional-emotiva. A partir de los sesenta, Ellis se dedicó a profundizar y ampliar las aplicaciones clínicas de su modelo, publicando una gran cantidad de obras, que tenían como eje central convertirse en "métodos de autoayuda".
 Juan José Ruiz Sánchez/Justo José Cano Sánchez